Las guerras del comercio en Quisqueya: poder, cerveza, frontera y dinero informal
En República Dominicana, las batallas comerciales más intensas no siempre se libran en los tribunales o en las bolsas de valores, sino en silenciosas salas de negociación, a veces disfrazadas de "acuerdos", y muchas veces con una distribución estratégica que define el éxito o el fracaso. Así lo revelan relatos como el de la “guerra de la cerveza”, la historia de los Bichini, Capellán, y cómo el mercado haitiano ha sido clave en el crecimiento del empresariado dominicano.
El negocio cervecero: más que una botella fría
En los años noventa y dos mil, se gestó en el país una de las más interesantes guerras comerciales: la competencia entre Cervecería Nacional Dominicana (Presidente) y Cervecería Vegana (Bohemia). A pesar del respaldo de Philip Morris, Bohemia no logró destronar a Presidente. ¿La razón? No fue la calidad del producto, sino la distribución.
“Aquí había como 52,000 colmados y la cervecería Presidente llegaba a casi todos. Bohemia solo a unos 15,000”, se comenta.
Aun con millones invertidos, sin una red de distribución eficiente, no hay guerra que ganar. Quedó demostrado cuando los León, que inicialmente perdieron con Bohemia, terminaron comprando Cervecería Nacional Dominicana, haciendo la jugada maestra. Fue más que una inversión: fue una conquista estratégica.
De cigarrillos a cerveza: el poder detrás del humo
Philip Morris entró con cigarrillos, y con el "cash" generado, entraron en el negocio cervecero. Pero los verdaderos ganadores fueron los León, que, al adquirir Presidente, se hicieron con la mejor red de distribución del país. Incluso hoy, expertos calculan que solo ese sistema puede valer más de 32 millones de dólares.
Uno de los participantes originales en esta operación asegura que inversiones iniciales de unos 4 millones de dólares dieron retornos extraordinarios en pocos años, mientras otros accionistas vieron multiplicado su capital a cifras sorprendentes: un caso documentado habla de 5 millones de pesos convertidos en 57 millones de dólares.
¿Y la frontera? Un muro… lleno de fábricas
La otra gran operación silenciosa ocurre en la frontera con Haití. Lo que para muchos es un muro de división, para otros es una oportunidad empresarial. Empresarios como Juan Bichini y Fernando Capellán vieron potencial en el caos: fundaron CODEVI, un parque industrial que emplea tanto a dominicanos como haitianos. Aprovecharon una ley de EE.UU. que permitía exportar sin impuestos debido al terremoto de Haití, una ley que hoy están intentando renovar.
Pero más allá del altruismo, hay realismo económico. La mano de obra haitiana es más barata, no exige seguridad social ni cesantía. En palabras del entrevistado:
“Es un sistema moderno de esclavitud. Pero no es nuevo. Es lo mismo que pasa con los mexicanos en EE.UU.”.
¿Quién domina: el empresariado dominicano o el haitiano?
A pesar de la narrativa geopolítica y del caos en Haití, los grandes beneficiados son los empresarios dominicanos. Mientras los medios hablan de bandas, crisis humanitaria y política, los productos dominicanos entran a Haití sin interrupciones. Nadie quema camiones dominicanos.
“Las bandas haitianas son los guachimanes del comercio dominicano allá”, se afirma con crudeza.
El 15 al 30% de muchas ventas nacionales tienen destino haitiano. Y en el comercio informal, los grandes evaden impuestos, usando formularios de “tránsito internacional” que legalizan exportaciones ficticias.
El talento empresarial no se enseña
Finalmente, se destaca algo más allá de las cifras: el instinto empresarial. Figuras como Santiago Matías o David Ortiz, aunque en áreas distintas, se han convertido en símbolos de visión y olfato de negocios. Ortiz, por ejemplo, es dueño de una línea de productos de cannabis en EE.UU.
Y se cierra con una sentencia clara:
“Tú puedes estar graduado de Harvard, pero si no tienes el gift, no vas a triunfar”.




